miércoles, 10 de febrero de 2010


La iniciativa conocida como la séptima papeleta tuvo amplia acogida en las urnas y forjo la convocatoria a una asamblea nacional constituyente para que interpretara el sentir nacional.
La conformación de esta asamblea mostró con claridad un pluralismo político tan fuerte que fue imposible siquiera designar una sola persona que presidiera la asamblea sino que hubo necesidad de que los líderes de las tres fuerzas políticas más representativas asumieran la conducción de esta en efecto Álvaro Gómez Hurtado representante del conservatismo,  Horacio Serpa Uribe representante del liberalismo y Antonio Navarro Wolf líder de la izquierda colombiana. Asumieron la enorme responsabilidad de diseñar lo que sería el nuevo Estado de Derecho en Colombia el cual debía estar orientado a subsanar los vacíos que se presentaba en la constitución de 1886 debido a la nueva realidad social (las leyes deben obedecer al momento en que se vive).
Vale la pena resaltar que esta nueva institución estuvo salpicada por escándalos de filtración del narcotráfico que tanto azotaba a esta nación situación que hizo cada vez más difícil la formación del nuevo orden constitucional donde más que el sentir nacional se vio expresado el miedo penetrado en la sociedad por los diferentes grupos armados (entre ellos los carteles del narcotráfico).
Si bien es cierto que el objetivo y los fines de dicha convocatoria y de la asamblea misma estaban centrados en el deseo de garantizar un país en paz, dicho propósito no se cumplió,  pues cada día se abre más la brecha entre las clases políticas y sociales y la falta de identidad hace que la redacción final de la carta genere conflictos interinstitucionales y lo que hoy comúnmente se conoce como el denominado choque de trenes que deslegitima las principales instituciones como el congreso, el ejecutivo y la rama jurisdiccional, dejando huérfano a un pueblo habido de esperanzas de paz
De acuerdo con los analistas políticos El hecho de ser permeada la asamblea nacional constituyente por el narcotráfico le quito legitimidad u efectividad frente al cambio, la violencia sigue siendo protagonista desde los diferentes rincones llámese guerrita, narcotráfico, militar o paramilitar obligando al Estado a centrar todos sus esfuerzos para combatir las diferentes formas de violencia, dando vía libre al crecimiento desmesurado de la violencia provocada por la delincuencia común que se ha fortalecido ante la incapacidad de la fuerza publica para combatirla.
La lucha por el poder a convertido a todos los actores políticos en forjadores de guerra debido a la polarización que siembran en sus adeptos esta actuación mezquina con la gente del común que es la que en verdad siente el flagelo de la violencia nos está llevando por un camino totalmente diseñado y deseado por quienes pretendían que el cambio constitucional permitiera una pacífica convivencia donde el respeto por la dignidad, las diferencias religiosas, políticas y culturales fueran los únicos inspiradores o reguladores de nuestra sociedad. 
La descentralización lejos de fortalecer las regiones vigorizo los cacicazgos y debilito el Estado social de Derecho que se implementaba con la carta un Estado sin un hilo rector que dio cabida al avance de todas las formas de violencia y nuevamente en lugar de apaciguar la guerra simplemente cambio los frentes de acción de esta.
La polarización en un país como el nuestro es solo el inicio de la profundización del conflicto seguimos destinando enormes cantidades de dinero a la guerra sin conseguir aun nuestro anhelado deseo que es la paz.           

Tatiana Aguilar

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